En este artículo
- Creality sale a bolsa: las cifras que sí y las que maquillan
- La crisis de Bambu Lab: de una actualización de firmware a un incendio
- El boomerang legal: cuando la propia licencia se vuelve en tu contra
- Las leyes chinas y el debate que abrió Josep Prusa
- Prusa suma el Color Mix y la carrera del multitool se acelera
- Impresión 3D aplicada: hormigón en una discoteca y por qué tus piezas no salen a medida
- Índice del episodio
- Escucha A Pie de Capa donde quieras
Una semana normal en impresión 3D ya da para varios episodios, pero esta ha sido de las que no se olvidan. Una empresa china sale a bolsa con una valoración que supera junta a tres gigantes históricos del sector, y mientras tanto la marca que domina el mercado doméstico se mete en la crisis de reputación más seria de su historia. Como comentamos en el episodio, hemos tardado varios días en poner en orden toda la información porque el tema daba para una telenovela turca, y queríamos contarlo con matices, sin subirnos a ningún carro, para que cada uno saque sus propias conclusiones.
Creality sale a bolsa: las cifras que sí y las que maquillan
Creality debuta en la bolsa de Hong Kong con una valoración en torno a los 7.130 millones de dólares, una cifra que iguala la suma de Stratasys, Protolabs y Nano Dimension juntas. Es una barbaridad para una empresa de su tamaño real, y lo decimos con conocimiento porque al salir a bolsa está obligada a hacer públicos sus números, con las cartas boca arriba.
Ahí es donde aparece el contraste. La compañía ingresó unos 390 millones de euros en 2025, un 36,7% más que en 2024, pero con pérdidas netas de 23 millones de euros y un flujo de caja operativo negativo de 8 millones. Un cash flow negativo no significa necesariamente que la empresa vaya mal, puede deberse a que a ti te pagan tarde tus clientes, pero combinado con pérdidas y una cuota de mercado que cae del entorno del 30% en 2020 a un 16,9% en 2024 frente al 29% de Bambu Lab, la foto se complica.
Además, la cuota del 27,9% que presenta Creality como cifra global es en realidad un acumulado desde 2020 hasta 2024, no la cuota real actual. Venden unas 100.000 máquinas menos que el año anterior, pero a un precio medio que sube de 163 euros (la era Ender) a 300 euros en 2025. Como decimos en el podcast, “esto no es por meternos con Creality, lo hacen todas las compañías cuando presentan sus informes”, pero conviene leer entre líneas.
Lo interesante es el porqué del momento: tras levantar una ronda serie A, Creality estaba obligada contractualmente a salir a bolsa antes del 30 de junio de 2026, o se activaba un buyback obligatorio que forzaba a los fundadores a recomprar acciones a los inversores, probablemente a un precio mucho menor. Han salido un mes antes de lo previsto. Creemos que hay que vigilar de cerca cómo reacciona el mercado en los primeros días de cotización, porque es la antesala de una pregunta mucho más grande: si Creality sale con estos números a más de 7.000 millones, ¿cuánto podría valer Bambu Lab, que tiene casi el doble de cuota?
La crisis de Bambu Lab: de una actualización de firmware a un incendio
Todo empezó con algo aparentemente pequeño: una actualización de firmware llamada control de autorización que bloqueaba el acceso de software de terceros a la impresora, obligando a pasar por Bambu Connect, la aplicación propia de la marca. Como decimos en el episodio, la pregunta que recorre todo esto es “¿dónde está la fina línea entre comprar y alquilar?”. Antes, si comprabas un martillo, el martillo era tuyo. Hoy, bajo muchas capas de código, puedes acabar siendo arrendatario perpetuo de un hardware que ya pagaste.
El contexto técnico importa: casi todos los slicers modernos vienen del mismo árbol genealógico, con licencia AGPL 3.0, que obliga a compartir el código si lo modificas. Un desarrollador polaco, Pavel Jarczyk, publicó un fork de Orca Slicer que recuperaba esa conectividad local usando exclusivamente ese código abierto que Bambu Lab tenía que compartir por ley. Nadie hizo ruido hasta que Bambu Lab le envió una carta de cese y desista acusándole de ingeniería inversa, sin especificar qué archivos infringía ni permitirle hacer pública la conversación.
Ahí se desató lo que llamamos el efecto Streisand: intentar silenciar algo lo amplifica sin límite. Aparecieron voces como Louis Rossmann, defensor del derecho a reparar, que ofreció 10.000 dólares para defensa legal y replicó el código, seguido por Gamers Nexus con otra oferta igual. La comunidad no se quedó callada, y marcas competidoras como Snapmaker aprovecharon la tesitura regalando equipos a Jarczyk para que desarrollara firmware para Klipper.
El boomerang legal: cuando la propia licencia se vuelve en tu contra
Bambu Lab se defendió diciendo que una licencia de código abierto no es un pase a su infraestructura en la nube, y acusó al fork de inyectar un user agent falso que generaba picos de 30 millones de peticiones no autorizadas al día. Jarczyk respondió que un user agent es solo un metadato, no una autenticación.
Aquí entró la Software Freedom Conservancy con una auditoría que desmontó el argumento central de la marca: encontraron decenas de funciones compartidas entre el software libre y el plugin de red propietario, lo que demuestra que uno no puede funcionar sin el otro. Descubrieron además que ese plugin, lib bamboo/networking, se distribuye como binario cerrado sin liberar su código desde hace cuatro años, cuando debería estar bajo AGPL desde el minuto uno. Y remataron con un dato que cambia el tablero: la propia carta de cese y desista enviada a Jarczyk viola la licencia GPLv3, porque esta prohíbe imponer restricciones adicionales sobre los derechos que ya otorga.
Bradley Kuhn, referente de la SFC, defendió que la ingeniería inversa de Jarczyk estaba amparada por la propia licencia. La SFC lanzó además el proyecto Balto, con una recaudación de 250.000 dólares para reimplementar el código de forma cien por cien legal. Existe un precedente similar con Vizio, donde un caso parecido acabó liberando código bajo presión legal y generando jurisprudencia, aunque eso no significa automáticamente que aquí vaya a pasar lo mismo.
Ante la presión, Bambu Lab bajó el tono: lamentaron que su referencia a los términos de servicio se entendiera como amenaza legal, pero no retiraron las acusaciones técnicas ni abrieron el acceso a las APIs, así que cambia el tono, no la política. Como decimos en el podcast, “lo que realmente se ha roto es la confianza, y se ha subestimado el poder que tiene la comunidad”.
Las leyes chinas y el debate que abrió Josep Prusa
En paralelo, Josep Prusa aprovechó el tirón para abrir un debate en redes sobre el plugin de red de Bamboo Studio, calificándolo de caja negra que conecta con un CDN desconocido. Repasamos cinco leyes chinas que suelen citarse en este debate: la Ley de Inteligencia Nacional de 2017 (que obliga a cooperar con el trabajo de inteligencia), la Ley de Criptografía de 2020, la Ley de Seguridad de Datos de 2021 (con alcance extraterritorial), la Ley Antiespionaje revisada de 2023 (que amplía la definición a datos industriales) y la regulación de vulnerabilidades de 2021, que prohíbe compartirlas con extranjeros antes de reportarlas al gobierno chino.
No existe ninguna evidencia pública de que Bambu Lab haya entregado información bajo ninguna de estas leyes, y es importante decirlo con claridad. Como comentamos, académicos como Jeremy Daum señalan que el artículo 7 de la Ley de Inteligencia carece de mecanismos de aplicación concretos y probablemente no fue pensado como mandato de colaboración activa. Dicho esto, no olvidamos que patentar ideas nacidas en la comunidad open source no es exclusivo de China: Stratasys y 3D Systems lo hicieron en su momento con tecnologías que venían de fuera. Los hechos se repiten, cambia solo el actor.
Creemos que la clave aquí es la variedad: si no te convence la política de una marca, existen alternativas abiertas como Snapmaker, o más cerradas pero transparentes. Como decimos en el episodio, “es igual que elegir entre iOS y Android, cada uno con su filosofía”.
Prusa suma el Color Mix y la carrera del multitool se acelera
Mientras la tormenta arreciaba, Prusa hizo lo contrario de generar ruido: tomó el sistema Full Spectrum, que ya había sido incorporado por Bambu Lab dando crédito a sus creadores, y lo llevó un paso más allá con Color Mix, un modelo matemático para generar colores integrado en PrusaSlicer 2.9.6. Lo más relevante es que lo han liberado bajo licencia MIT, permitiendo que cualquiera, incluido Orca Slicer, lo integre directamente, devolviendo a la comunidad lo que la comunidad les dio.
El acompañamiento es un kit de colores CMYK con colorimetría estudiada y una base de datos abierta vía RFID para que cualquier marca aporte sus propios materiales con mediciones exactas, evitando esa brecha entre el color que ves en pantalla y el que sale de la impresora.
Pero mientras Prusa celebra este avance, se le echa encima el panorama de lanzamientos multitool: Creality ya tiene su máquina lista, Bontech sigue con retrasos en la entrega de su fundador, y una marca asiática llamada IFI Match presenta en Kickstarter una impresora de ocho cabezales con una estética que recuerda mucho al INDX de Prusa. Este año va a ser el año del multitool por bandera, y la pregunta es si Prusa llegará a tiempo con su propio Indx antes de que la competencia se lo coma. En el rango de entrada, máquinas tipo Bambu A1, AnkerMake Cobra o Creality Spark siguen siendo la opción más razonable si el presupuesto manda.
Impresión 3D aplicada: hormigón en una discoteca y por qué tus piezas no salen a medida
Cerramos con dos aplicaciones muy distintas. Por un lado, la empresa española Aridditive, con Roger Uceda al frente, ha rediseñado el interior de una discoteca que está en el top de las mejores del mundo según la Ibiza International Society of Nightlife Association 2025, usando más de 340 componentes impresos en hormigón resistente al fuego. Han ahorrado material, un 45% menos que con métodos convencionales, y han completado la reforma en siete semanas frente a los cinco meses que hubiera llevado de forma tradicional. Creemos que este es el nicho correcto para la impresión en hormigón: no competir con la construcción masiva de vivienda, sino atacar reformas de interiorismo y mobiliario urbano donde la geometría compleja y el tiempo de ejecución marcan la diferencia.
Por otro lado, un estudio de las universidades italianas de Campania, Bambitelli y Salerno analizó 120 muestras con distintas geometrías, densidades de relleno y materiales (PLA, PLA con fibra de carbono, nylon y nylon con fibra) para entender por qué varían las tolerancias dimensionales en piezas FDM. La conclusión más práctica es que escalar la pieza dentro del laminador, en lugar de hacerlo en el software CAD antes de exportar, es lo que más afecta a la precisión final, mucho más que la densidad de relleno, que apenas mueve la aguja. También confirma algo que ya sospechábamos: los materiales con carga de fibra dan mucha más estabilidad dimensional y menos contracción. Un tip sencillo que puede ahorrar más de un quebradero de cabeza en producción.
Como decimos siempre, dejad vuestra opinión en los comentarios, sea cual sea la plataforma desde la que nos escuchéis.
Índice del episodio
- 00:00 Intro
- 02:40 Creality sale a bolsa: las cifras que nadie mira
- 11:29 Bambu Lab contra la comunidad: la peor crisis de su historia
- 34:40 El plugin de red y las leyes chinas: ¿paranoia o riesgo real?
- 43:16 Prusa y su Full Spectrum con ColorMix
- 46:50 ¿Qué impresora multitool? ahora mismo
- 50:16 Un club de Barcelona impreso en hormigón
- 54:05 Estudio de tolerancias: por qué tus piezas no salen a medida
- 56:42 Cierre
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